Monday, September 8, 2008

In Nomine Dei

Conquista y repoblación del Maestrazgo

In Nomine Dei (En el nombre del Señor). Así comenzaban las “cartas puebla” otorgadas por las órdenes religioso-militares con la finalidad específica de repoblar los territorios conquistados a los musulmanes, favoreciendo así el asentamiento de núcleos de población en las zonas fronterizas. Son por tanto un fenómeno típico de la llamada “Reconquista” y el instrumento jurídico de la repoblación. Son en definitiva privilegios breves, documentos de derecho público y carácter contractual mediante los cuales el señor de un territorio fijaba las condiciones y normas a las que se han de ajustar los pobladores que allí se establezcan.
La Carta siempre comienza con una invocación a la divinidad para continuar haciendo público conocimiento de su contenido, seguido de los nombres y las dignidades de los otorgantes, encabezados por la jerarquía más alta. A continuación suele aparece una relación nominal de los vecinos, a los que se hace la concesión de tierras y bienes y en que condiciones en representación de los actuales y futuros pobladores; con ello se reconoce el carácter colectivo de la comunidad.

A finales del s.XII, la Península Ibérica se hallaba inmersa en numerosos e intensos conflictos territoriales entre los diversos reinos que la poblaban, circunstancia esta que será una constante a lo largo de nuestra historia. Las alianzas políticas y los enfrentamientos entre los distintos reinos peninsulares, tanto cristianos como musulmanes, fluctuaban en razón de intereses estratégicos fronterizos. Nos encontramos, a su vez, en la etapa central de expansión territorial que los reinos hispanos del norte llevan a cabo a costa del dominio musulmán, proceso que culminará con su expulsión definitiva de la Península y que la historiografía española ha dado en llamar “Reconquista”. En definitiva, la guerra contra el Islam va a configurar en gran medida la estructura socioeconómica de la España medieval, de la cual somos herederos; siendo el estamento nobiliario el mayor beneficiario de la conquista.

En Aragón, el ámbito geográfico, merced a las conquistas de Alfonso II y de Pedro II, se configura prácticamente como la unidad política autonómica que hoy conocemos y en especial la provincia de Teruel adquiere su fisonomía actual. Territorialmente hablando, parece ser que al menos una parte de lo que hoy conocemos como Maestrazgo Turolense, perteneció hasta principios del s. XII al reino taifa de la Sahla, cuyo centro político era Albarracín, en manos de la poderosa familia de los Beni-Razín. Hacia finales del s. XI, las mesnadas del Cid ya cabalgaron y batallaron por la comarca, como así nos lo indican algunos topónimos del lugar: “Cabezo de la calzada del Cid”. Posteriormente es Alfonso I el Batallador, alrededor de 1117, quien ocupa la zona para después perderla a manos de los almorávides. Las segundas taifas (1145) darán origen al reino independiente de Valencia, reino que acaudillado por Ibn Mardanix (el Rey Lobo) va a perdurar por largos años como fronterizo de Aragón y Castilla, siendo tributario de ambos hasta su muerte en 1172, para pasar después a incorporarse al extenso imperio almohade.

Sin embargo, en estos territorios el dominio musulmán fue más nominal que real, pues Alfonso II tras la conquista de Teruel en 1171, realizó repetidas incursiones por estas tierras, devastándolas y convirtiéndolas en un desierto estratégico que actuaba como frontera, máxime cuando el reino de Valencia dejó de pagar sus parias. El repliegue de los musulmanes hacia levante deja estos territorios yermos y probablemente vacíos, pasando a ser tierra de nadie durante un largo periodo de tiempo. A pesar de todo, la ocupación islámica, dejará una abundante huella en la toponimia de la zona y son numerosos los hallazgos arqueológicos que testimonian una importante e intensa ocupación, como lo demuestra la compleja red de riego con numerosas presas, azudes, acequias, acueductos etc.; certificada además por las fuentes cristianas.

Ante el serio peligro que supone la nueva invasión almohade, agudizado tras la grave derrota que sufren los castellanos de Alfonso VIII en la batalla de Alarcos (1195), Aragón, como otros reinos, deciden guarnecer sus fronteras con el Islam con la instalación en ellas de tropas permanentes a cargo de las órdenes religioso-militares. Destacamentos aguerridos y disciplinados que frenen las constantes incursiones y razzias que los moros realizaban frontera adentro, a la vez que, consoliden y repueblen estos territorios. De hecho, estas órdenes militares, en especial Hospitalarios y Templarios, jugarán un decisivo papel en el control de la frontera, tanto como baluartes defensivos y como vanguardia de nuevas conquistas hacia el sur.

En Aragón, las órdenes religioso-militares fueron los “brazos de hierro” en los que se apoyaban los monarcas aragoneses. Los caballeros, convertidos en monjes-soldados, conquistaban territorios y los monarcas compensaban tal hazaña con privilegios y donaciones. Las milicias de los Hospitalarios y sobre todo de los Templarios fueron las tropas de élite de las cruzadas, y su influencia no decayó hasta que no se perdió Jerusalén tras la batalla de Hattin (1187), victoria en la que Saladino destruyó la casi totalidad de las fuerzas cristianas, formadas principalmente por contingentes Hospitalarios y Templarios, arrebatándoles la Vera Cruz, su más preciada reliquia y capturando a los principales caudillos (el rey de Jerusalén Guido de Lusignan, Reinaldo de Châtillon, Balduino de Ibelin) y a los grandes maestres de la Orden del Temple y del Hospital, etc., descabezando a un gran número de los caballeros de las órdenes religiosas que rehusaron convertirse al Islam (cerca de 230), la flor y nata de los caballeros franceses.

En “las Extremaduras”, nombre con el que se conocía entonces a los desiertos macizos turolenses, la situación demográfica era extremadamente deficitaria. Por sus características orográficas tan agrestes, con abundantes y cerrados bosques de difícil tránsito, eran territorios tradicionalmente poco poblados; hecho que dificultó su repoblación, llevada a cabo en general mediante desplazamiento de colonos del norte hacia esta línea fronteriza. A ello hay que sumarle la actividad del bandolerismo, que hizo de estas zonas montañosas su refugio ideal.

Es en este contexto histórico donde se sitúa la “repoblación” de los territorios del Maestrazgo. Existe un primer documento de concesión de este territorio a la “Orden del Santo Redentor” otorgado por Alfonso II fechado en 1.194. a nombre de su prepósito frey Gascón de Castellot; en él se habla de tierras deshabitadas y se indica expresamente que fuese poblado al amparo de ciertos privilegios reales y se otorguen fueros a sus pobladores. Por circunstancias que desconocemos no se llevó a cabo el poblamiento ni se extendió fuero alguno. Posiblemente tuvieron que ver en ello las disensiones internas de la orden, que a pesar de su origen hispano (Monfragüe, Montegaudio) llegó a contar con mayoría de miembros extranjeros. Al parecer fueron estos freires, procedentes de Italia, los que propiciaron la fusión con los templarios. La indisciplina y la falta de unidad que cundió entre sus filas provocaron su rápido deterioro, incapacitándola para defender una zona fronteriza y conservar sus posesiones.

Dos años más tarde, en 1196, reunidos en Capítulo General y siendo maestre fray Telmo de Luca, previo consentimiento del rey (¿), la Orden turolense se disuelve e integra en la poderosa Orden del Temple a la que pasan todos sus derechos, bienes y pertenencias. En el documento de cesión fechado el 29 de abril de 1196 se relacionan los templos, castillos y villas, cuya posesión les será confirmada por el rey Pedro II “el católico” y por el Papa Celestino III. Por las fechas en que nos movemos, es muy probable que los Templarios aprovecharan la convocatoria de las cortes en Daroca en septiembre de ese año, para requerir del nuevo rey la ratificación, entre otros, del documento otorgado por su padre Alfonso II “el casto” (+ 25-IV-1196) a la orden de San Redentor y que por derecho les pertenecía; confirmación que consta en el mismo con su signo.


Los Templarios sí van a repoblar y consolidar estos territorios, extendiendo su dominio a todo lo que es hoy el límite con la provincia de Castellón. Además de poblar inicialmente Villarluengo, se apoderan en un primer impulso de la Cañada de Benatanduz, Cantavieja, La Iglesuela del Cid…, siendo su establecimiento decisivo en el devenir histórico de estas poblaciones que se desarrollarán al amparo de las órdenes militares hasta el s. XIX. Concretamente la Baylía de Cantavieja, pasará, desaparecido el Temple, a la dominicatura de los Sanjuanistas y no cesará hasta el año 1812 en que la primera constitución liberal puso fin a los señoríos eclesiásticos y posteriormente la desamortización a sus bienes. Conviene destacar la rivalidad existente entre Hospitalarios y Templarios, que debió llevar a éstos últimos a confabular de cara a conseguir instalarse en esta zona que los colocaba en situación ventajosa respecto a ulteriores conquistas hacia Levante. No olvidemos que los Sanjuanistas se hallaban instalados hacia tiempo en la encomienda de Aliaga que se extendía hasta Pitarque.

A principios de 1310, la Inquisición, bajo tutela de los obispos de Valencia y Aragón, montó en Lérida un proceso contra los templarios; pero pesar de sufrir escarnio y penalidades en su cautiverio, como las leyes del reino prohibían la tortura, ni uno solo de los caballeros interrogados admitió las acusaciones que se les imputaban, tachándolas de falsas y calumniosas. Finalmente, el 4 de noviembre del año 1312 se celebró en Tarragona un Concilio General Provincial, en el cual los templarios de la Corona fueron absueltos, declarados por unanimidad inocentes y libres de toda culpa y en consecuencia puestos en libertad e indemnizados y hasta se les permitió seguir viviendo en las casas de comanda, por entonces ya propiedad de los hospitalarios. Pero el problema no fue resuelto del todo hasta tres años más tarde en que el rey de Aragón acordó con el sucesor de Clemente V, Juan XXII, la incorporación de los ex-templarios que lo deseasen a la nueva Orden de Montesa, fundada según la regla cisterciense, y que en el Reino de Valencia recibiría los bienes del Temple y del Hospital, mientras que las posesiones templarias en Aragón y Cataluña se entregaron a los Sanjuanistas. En junio de 1317 el Gran Castellán de los caballeros hospitalarios residente en Amposta, frey Martín Pérez d’Orón, se hizo cargo, entre otras, de las baylías de Cantavieja, castellote y Aliaga y puso en cada una de ella a un Bayle o Comendador para que las administrase en su nombre, a la vez que confirma los privilegios que antaño los Maestres del Temple les habían concedido. El dominio hospitalario perduró unos 500 años más, hasta 1812 en que fue abolida la Orden, como todos los Señoríos, por las Cortes de Cádiz, aunque en realidad persistió algunos años más, prácticamente hasta el fin de las guerras carlistas.

En la actualidad nos encontramos de nuevo con el problema de la repoblación en el Maestrazgo, evidentemente es otra historia. Las circunstancias derivadas del lamentable panorama socioeconómico de la posguerra y el posterior desarrollismo incontrolado, a pesar de los “Planes de Desarrollo” del Régimen franquista, forzaron al abandono masivo del medio rural convirtiendo gran parte del interior de Aragón en casi un desierto humano. Sus ya de por si pequeños núcleos poblacionales sufrieron la sangría que alimentaba el flujo de la emigración interior de mano de obra hacia las zonas industriales y grandes ciudades, sobre todo del litoral, proceso que se consumó entre finales de los años 50 y los 70, en el que muchísimas aldeas y masías cerraron las puertas y sus habitantes marcharon para en muchos casos nunca más volver. Sin embargo, algunos pueblos de la Comarca lograron sobrevivir airosamente a unos tiempos difíciles en los que, o todo se transformaba y removía hasta los cimientos o bien sufría la lenta agonía del éxodo y la decadencia. Hecho que les permitió mantener en cierta manera su peculiar idiosincrasia y el legado arquitectónico y cultural que desde siglos portaban, hasta nuestros días.

Es evidente que el déficit demográfico constituye hoy el problema más grave y acuciante de la Comarca del Maestrazgo, y ante este hecho incontrovertible, es lamentable ver como por parte de las autoridades no se hacen todos los esfuerzos necesarios encaminados a generar las condiciones precisas para incrementar su desarrollo, a fin de conseguir atraer y fijar población, fundamentalmente de la inmigración. Está claro que la opción de futuro para estas duras tierras pasa por el desarrollo de proyectos innovadores y pioneros en servicios y actividades que dinamicen la economía y la vida en estas zonas rurales tan deprimidas y despobladas; eso sí, siempre con respeto y protección del medio natural, con criterios de sostenibilidad y la puesta en valor de toda su riqueza patrimonial. Y especialmente reconociéndoles el derecho a sobrevivir y no dejarlas morir de inanición; pero a condición de no sufrir la necesidad de una completa aculturación urbana, que nos haga perder definitivamente nuestras raíces.

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Conocer el Maestrazgo

El Maestrazgo es todo un mundo por descubrir que ofrece al viajero múltiples posibilidades para conocer sus encantos, tanto en el orden natural-paisajístico como en el cultural-etnográfico. Conocer la belleza casi onírica de su variada orografía de naturaleza exultante, de sus enriscados y recoletos pueblos, de sus gentes amables y acogedoras, de su excelente y reconfortante gastronomía, de sus costumbres y tradiciones… supone una experiencia difícil de olvidar que quedará para siempre como una impronta en el alma del viajero.

Aunque personalmente prefiero la primavera o el otoño para recorrer y descubrir la belleza de estas tierras, considero que el verano, debido a la mayor disponibilidad de tiempo vacacional, es una época ideal para embarcarse en aventuras, descubrimientos y viajes diversos. De entre las múltiples posibilidades de conocer el Maestrazgo, rescato para el viajero interesado una serie de rutas que le permitirán, en una primera aproximación, adentrarse en esta singular tierra enraizada en una enorme crudeza que a primera vista la hace parecer áspera, dura e inhóspita, pero que en cuanto la vivenciamos descubrimos la calidez en la belleza del contraste de sus tierras, la magia en sus colores, el embrujo de sus cielos y ambientes… El Maestrazgo son sus ríos que recorren una tierra que, a menudo, mira al cielo implorando aguas, son sus extensos bosques de pinares, el sotobosque, sus riberas de álamos que emiten la música que reclama el viento. El Maestrazgo son sus rebaños, sus campos de cereal, mares verdes en primavera e invisible en verano. El Maestrazgo son sus excelentes productos gastronómicos: suculentos y variados platos de carnes y sopas que reconfortan al viajero, ricos y variados quesos de merecida fama… Después están sus gentes y los escenarios de sus encantadores pueblos que evocan tiempos pasados más acordes con su belleza, pueblos cargados de arte y tradiciones que respiran historia portadora de un legado milenario difícil y convulso, donde las piedras se disponen con arte y con la firmeza que atesoran sus habitantes. Pueblos, en su mayoría encastillados, que unen su peculiar encanto a esta prodigiosa existencia natural. Si hay una tierra que lo tenga todo y que reúna causas de todo tipo, algunas todavía pendientes…, donde lo enigmático y misterioso forman parte de las sensaciones anímicas que percibimos, ésta es El País del Maestrazgo.

Ruta 1: Castellote - Molinos - Cuevas de Cañart y Bordón


Esta ruta propone la visita de cuatro localidades pero, en el camino hay muchas más posibilidades:
Comenzamos en Castellote, donde recorremos el Casco antiguo declarado Conjunto Histórico Artístico. Destacan: Iglesia de San Miguel, gótica del siglo XV; Ermita de
la Virgen del Agua, siglo XVII; arcos de la muralla; Ayuntamiento, construido sobre un arco de acceso al primitivo recinto; diversos edificios de los siglos XVI al XIX entre los cuales, Casa Gordiano, Casa Planas, Casa de las Pepetas y Casa de Don José. Podemos pasear por la senda que conduce al castillo, donde tuvieron lugar crueles asedios.

Abandonamos Castellote por debajo del túnel y tomamos la carretera a Molinos. Podemos acercarnos a visitar la Ermita del Llovedor, del siglo XVIII, enclavada en un paraje de gran interés. Llegamos a Molinos y recorremos la población: Torreón medieval del siglo XII; Casa del Concejo del siglo XVI; Iglesia de Ntra. Sra. De las Nieves, obra gótica del siglo XV; Barranco y Ermita de San Nicolás y Casa del Moro. No dejaremos de visitar el Museo del Parque Cultural y la Sala de Exposiciones “Eleuterio Blasco Ferrer”. Es imprescindible en Molinos acercarse a visitar las Grutas de Cristal, una auténtica maravilla subterránea.

Volveremos hacia Castellote pero tomaremos el desvío a Cuevas de Cañart, localidad declarada Conjunto Histórico Artístico, y donde destacan: Iglesia de San Pedro Apóstol, barroca de 1770; Ermita de San Blas, barroca de 1648, utilizada como Centro de Interpretación de la localidad; Ermita de la Virgen de los Pueyos, también barroca del siglo XVII; Convento de los Monjes Servitas y Convento de las Concepcionistas Franciscanas, Portal de Marzo, Ayuntamiento, antiguo horno y varias casas nobles entre las cuales: Don Iñigo de Aragón, Casa Moliner y Casa de los Arellano.

Continuaremos en dirección a Dos Torres de Mercader y Ladruñán. Adentrarse en los barrancos de Ladruñán supone encontrarse con el Maestrazgo más profundo. Llegamos a La Algecira y, desde allí, un sendero nos conduce a visitar los abrigos con pinturas rupestres que forman parte del llamado Arte Rupestre del Arco Levantino declarado Patrimonio de la Humanidad. Bordearemos el Pantano, al que da nombre la desaparecida localidad de Santolea, a través de una sinuosa carretera. Nos dirigiremos a Bordón. En Bordón visitaremos el Santuario de Ntra. Sra. De la Carrasca, edificio gótico reformado en el siglo XVII, con aires templarios. Uno de los edificios más enigmáticos de la Comarca.

Ruta 2: Pitarque - Villarluengo - Cañada de Benatanduz -Tronchón


La ruta se inicia en Pitarque, donde recorriendo sus calles encontramos la Iglesia de Santa María la Mayor, del siglo XIX y a continuación, el camino que conduce al Nacimiento del Río Pitarque, uno de los parajes más hermosos de la Comarca. Recorriendo este camino tropezaremos con la Ermita de la Virgen de la Peña y con una antigua central eléctrica. El camino se verá con creces recompensado al llegar al Nacimiento, una “canción de roca y agua”.

Al salir de Pitarque tomaremos la carretera en dirección a Ejulve para acercarnos a contemplar un capricho de la naturaleza, los “Órganos de Montoro”, apelativo que reciben por parecer los tubos de un órgano. Formación geológica que sorprende al visitante y donde se puede practicar la escalada.

Acercarse a visitar la localidad de Villarluengo, donde recorreremos sus calles encontrando la Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, de factura neoclásica; el ayuntamiento, de estilo aragonés de los siglos XVI y XVI; y el Balcón de los forasteros y barrio de la Murada, con un portal de la antigua muralla. y que alberga el centro de Interpretación Ambiental

Visitaremos Cañada de Benatanduz. Asentada en lo alto de profundos barrancos, su caserío se extiende por los altozanos sin formar apenas calles Destaca en su núcleo la Iglesia de la Asunción, del siglo XVIII, el Ayuntamiento, de estilo aragonés, y el hospital de pobres, ambos del siglo XVI. En su término afloran numerosas fuentes.

Volveremos hacia Villarluengo para desviarnos hacia Tronchón. Tronchón , incoado para su declaración de Conjunto Histórico Artístico, alberga numerosos edificios de interés: Iglesia, Casa Consistorial de 1600, Portal del Val y Portal de San Miguel, Casa rectoral, Palacio del Marqués de Valdeolivo, Casa del Santo, Casa Monforte y el calabozo gótico y la cárcel nueva. Tronchón merece una visita detenida.

Ruta 3: Iglesuela del Cid - Cantavieja - Mirambel - La Cuba


Esta ruta parte en Iglesuela del Cid. Esta localidad, declarada Conjunto Histórico Artístico, nos sorprenderá por sus numerosos palacios, casas nobles de estilo aragonés entre las que se encuentran la Casa Matutano (convertida hoy en Hospedería), Casa Guijarro, Casa Daudén, Casa Aliaga, Casa Santa Pau y Casa Agramunt. Todas ellas construidas entre los siglos XV y XVIII. Pero también destacan la Torre de los Nublos y Casa Consistorial, edificios que formaban parte del antiguo castillo templario del siglo XIII, la Iglesia de la Purificación, del siglo XVII, el portal de San Pablo y, a 6 Km., la ermita de la Virgen del Cid.

Dejaremos Iglesuela para dirigirnos a Cantavieja, que también cuenta con declaración de Conjunto Histórico Artístico. En Cantavieja destaca la estructura y situación de su casco urbano, encima de una montaña y rodeada de barrancos, situación que le valió su destacado papel histórico. Destaca también la preciosa plaza porticada configurada por la Iglesia de la Asunción, de los siglos XVII y XVIII, la casa del Concejo y la Casa del Bayle. Otros monumentos de interés encontramos en Cantavieja: la ermita de San Miguel, los restos del castillo y las murallas, Casa Zurita, Casa Peralta y restos de otras casas nobles de las que quedan los escudos de las fachadas.

Partimos hacia Mirambel, “una joya entre murallas”. Su perímetro amurallado se conserva perfectamente y es necesario acceder a su interior por uno de sus cinco portales. Dentro encontramos un recoleto pueblo donde parece que el tiempo se ha detenido. Destaca la Iglesia de Santa Margarita, del siglo XVII, los restos del Castillo, el Portal y el Convento de las Monjas, Fundado por Felipe II, la Casa Consistorial, y otras casas como Casa Zurita, Casa Aliaga, Casa Castellot, Casa Pastor y Casa Costeras. Mirambel sorprende en cada rincón al visitante. Es un escenario de cine, donde se han rodado fragmentos de “Tierra y Libertad”, “En brazos de la Mujer madura” y la serie “Clase Media”.

Tras salir de Mirambel nos dirigiremos a La Cuba, pequeña localidad en el límite provincial con Castellón, donde podemos dar una vuelta por sus calles y contemplar la Iglesia de San Miguel y la Casa Consistorial, ambas del siglo XVII. También es de obligada visita el Centro de Interpretación de la Industria de Esparto, elemento que en el pasado dio trabajo a toda la población de La Cuba.

Ruta 4: Fortanete - Villarroya de los Pinares - Miravete de la Sierra - Allepuz


Al acercarnos a Fortanete nos sorprenderá la riqueza de sus pinares, unos de los mejores conservados de la comarca. Ya en sus calles podemos contemplar la Casa Consistorial, renacentista del siglo XVI, unido a la Iglesia de la Purificación, terminada en el siglo XVII. Cuenta con varias casas pertenecientes a la nobleza local: Casa de los marqueses de Villasegura, Casa del Marqués y Casa Loras. Son también dignas de admirar las formas de la Ermita del Loreto, a las afueras del Pueblo y los restos del castillo y muralla en lo alto de la loma que hay tras el pueblo, desde donde se domina una bella perspectiva.

Continuamos hacia Villarroya de los Pinares, donde al entrar encontramos la bella fábrica de la Ermita de la Virgen del Loreto. Esta virgen cuenta con muchas ermitas en toda la zona, todas construidas en los siglos XVII y XVIII. En el Casco antiguo, declarado Conjunto Histórico Artístico, destaca la Iglesia de la Asunción, de origen gótico y cuya torre está separada totalmente del edificio ya que, al parecer, son los restos de la torre del homenaje de Jaime I. Encontramos también la Casa Consistorial , del siglo XVI, Casa Carreras, del siglo XVI, y la majestuosa Casa Peña, del siglo XV, que perteneció a esta ilustre familia de la cual, uno de sus miembros llegó a ser Cardenal de la Rota. Las calles de Villarroya sorprenden al visitante en cada rincón y evocan el pasado próspero de la villa. Por último, visitar también el Centro de Interpretación de la Orden de San Juan del Hospital en el Maestrazgo, donde descubriremos el pasado señorial de estas localidades bajo la jurisdicción de esta poderosa Orden Militar.

Nos desviamos hasta la recoleta localidad de Miravete de la Sierra, pequeña pero sorprendente. Incoada para su declaración de Conjunto Histórico Artístico, en Miravete podemos contemplar la cruz terminal del siglo XVI; el puente medieval sobre el Guadalope, también del XVI; la lonja-trinquete; el Ayuntamiento y atrio porticado en forma de “L”, encuadrado también por la Iglesia de Ntra. Sra. De las Nieves, del siglo XVI; el horno y la Casa Rectoral. Acercarse a visitar el antiguo Molino donde se han instalado paneles y vitrinas que, junto con la maquinaria conservada del Molino, conforman el Centro de Interpretación del Ciclo del Pan.

Volvemos hacia Villarroya para dirigirnos a Allepuz, en el final de nuestra ruta. Allepuz, al pié de un fuerte cortado donde estaba su castillo, nos muestra la Iglesia de la Purificación , del siglo XVIII, la lonja-trinquete, la Ermita del Loreto, del siglo XVI y la Casa Grande, transformada en Hospedería de Aragón.

Y si uno busca en el encuentro con la naturaleza el sosiego y la paz interior en comunión con ella, descubrirá que en cualquier rincón del Maestrazgo hay sitio para el solaz, para el ritmo lento, para la reflexión, para encontrarse con uno mismo y con los demás…


El País del Maestrazgo
es todo un regalo para los sentidos, que a buen seguro seducirá al espíritu soñador e inconformista, ¡ven a vernos, te sorprenderá…!

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Tiempo de reflexión

“Oh, vosotros que tenéis la mente sana, mirad la doctrina que se esconde bajo el velo de los versos extraños”. (Dante. Divina Comedia. Infierno, IX, 61-63).

Bueno, parece ser que los hados me siguen siendo favorables y de momento no permiten que mi ser se desmaterialice y me disuelva en el magma primigenio de
la Materia. Después de soportar tres horribles meses de tratamientos con quimioterapia, con brutales efectos secundarios que los hacen más cercanos a la tortura que a la medicina, y sometido a un paulatino deterioro físico y psíquico, la esperanza renace de nuevo. La enfermedad ha remitido algo y me dan un respiro de unos meses… Considero que tras la experiencia vivida, es tiempo de reencuentro consigo mismo, como de obligada reflexión, tanto respecto al sentido de la vida misma, como a la deseada trascendencia del ser, así como a los tratamientos a los que nos vemos sometidos los enfermos de cáncer, tema que trataré en artículo aparte. En momentos así, cuando vemos que la vida puede fácilmente pasar de nosotros sin importarle lo más mínimo nuestros planes, deseos y esperanzas, es cuando a uno inevitablemente le asalta la duda existencial y se cuestiona sobre el sentido de la vida, sobre la trascendencia del ser… Pero la respuesta a los interrogantes que el ser y la existencia nos plantea resulta difícil y más aún definir el problema existencial en términos abstractos, pues cada caso es concreto, singular. Cada situación se diferencia por su unicidad irrepetible y cada una reclama una respuesta distinta. En realidad somos el resultado de ciertos condicionantes biológicos, psicológicos y sociológicos, aunque esto no significa invariablemente un determinismo vital, pues en última instancia y debido a nuestra capacidad de raciocinio y de libre albedrío, el hombre se determina a si mismo. En definitiva somos el producto de nuestras propias contradicciones. La verdad es que mis reflexiones sobre el tema no me han aportado ninguna luz que disipe mis dudas existenciales, sin embargo creo poder atisbar dos aspectos diferenciados en la vida del hombre: el ser biológico y el ser social.

En el aspecto biológico pertenecemos claramente a la Naturaleza y por tanto estamos sometidos a sus procesos, ritmos y pulsiones que no llegamos a comprender del todo y de los que difícilmente podemos sustraernos. Esta evidencia nos lleva a pensar que en realidad nuestra vida es el resultado de un puro accidente y por tanto un sin sentido, un fraude respecto a nuestra manera de pensar, pues no existe fundamento que la racionalice, esto nos conduce a lo que podríamos llamar frustración o vacío existencial. La transitoriedad de nuestra existencia es lo que la vuelve carente de sentido y llevada a su extremo, con la afirmación de la carencia de sentido del hombre, a una forma radical de nihilismo. En el aspecto social, hemos creado un mundo virtual al margen de la Naturaleza lleno de convencionalismos, con sus propias normas y sus leyes, que incluso las llegamos a reconocer como naturales. Nuestro mundo, el mundo de las ideas, de los sentimientos, es el resultado de como nosotros lo hacemos, y por tanto en las relaciones sociales no existe nada independiente de la voluntad de los hombres; esto nos lleva a crear una cosmogonía acorde a nuestra ideología que en cierta manera determina nuestras creencias. Partiendo de la subjetividad de perspectiva de la cognición humana, el enfrentarnos con la finitud de la vida y con su finalidad personal y existencial nos hace plantearnos varias posibilidades sobre la trascendencia del ser en el tiempo. Por una parte tendemos a refugiarnos en la irracionalidad de la retórica mística que nos conduce a una profunda necesidad de creer en algo o alguien superior a nosotros y que rige nuestras vidas. Por otra parte estamos tentados en pensar que desde el punto de vista sociológico, moral o ético, no hay nada sagrado, ni superior ni por encima del hombre, planteamiento que conduce al ateísmo. La diferencia fundamental entre la moralidad teísta y la ateísta, es que la primera emana de la supuesta autoridad divina, mientras que la segunda es el producto de reflexiones personales o de la simple obediencia de las normas sociales. Aunque hay quienes se empeñan en que no puede haber moral sin religión. De todas formas resulta difícil creer que tras la muerte, a la que nos enfrentamos en una terrible soledad, perderemos nuestra identidad como ser único e irrepetible, y que la experiencia acumulada a lo largo de nuestra vida, nuestras vivencias, nuestros sueños…, se disolverán para siempre en el gran silencio de lo irremediable, en la intemperie hostil de lo desconocido, con la certeza de que todo en la vida seguirá sin nosotros. Me resulta escalofriante pensar en lo que magistralmente expresaba el replicante Nexus-6 en la inolvidable película Blade Runner, rememorando sus increíbles vivencias a la hora de morir: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”. Los que esperamos la vida con incertidumbre, encerrados en nuestra propia soledad, compartimos el anhelo de futuro entre la nostalgia y el desencanto, conscientes de que todo pasa, de que ninguna emoción es permanente, de que hay momentos de alegría y momentos de tristeza, y que debemos aceptarlos como parte de la dualidad contradictoria de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

En el último escrito, si bien condicionado por mi crítica situación, exponía mi decisión de dar por finalizada esta bitácora y en todo caso si se producía una mejoría en mi estado de salud trataría de crear otra; sin embargo, siguiendo los consejos y las peticiones de muchos de vosotros, lectores y amigos, y mientras persista la mejoría, me veo en la obligación de reconsiderar la decisión y retomar la continuación del blog, aunque eso sí, la frecuencia en los artículos no será tan regular como antes, cosa que espero me disculpéis. Escribir partiendo de la experiencia propia y sobre todo tratando de interpretar la experiencia de otros a través de sus lecturas, supone acercarse a la realidad de un modo específico que a su vez entraña cierta dificultad y responsabilidad. Exponer desnudos tus pensamientos, tus convicciones, tiene a veces rango de desvelamiento por estar ocultos en la niebla de lo que no ha sido dicho en público. Por otra parte, las argumentaciones teóricas nacen de la reflexión, de las inquietudes e interrogantes que crecieron en las vidas de sus autores, configurando un pensamiento autónomo y crítico en un mundo donde tratan de imponernos un pensamiento único, en el que predomina lo políticamente correcto, con la consiguiente perdida de señas de identidad y en consecuencia perdida de credibilidad y capacidad de respuesta. Pero no es sólo la clave reivindicativa el hilo que guía mis argumentaciones, está más cercano a las prácticas del pensar en positivo que a las prácticas del reivindicar carencias, aunque éstas aparezcan indefectiblemente, porque en la vida el trigo y la paja vienen juntos. Desde luego no pretendo adoctrinar a nadie, ni me considero portador de ninguna verdad, ni portavoz de ningún grupo ideológico, pero si trato de mostrar cierta coherencia en la exposición de mis planteamientos siendo consecuente con mis convicciones, que en modo alguno son absolutas, y si me gustaría que mis escritos os siguieran interesando y que además fueran motivo de reflexión y materia para alimentar estados de opinión. Finalmente, no puedo dejar de agradeceros tanto los emotivos comentarios en el artículo como los correos que me habéis enviado animándome a seguir luchando y ofreciéndome vuestro apoyo. Sinceramente, de corazón, gracias a todos

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Los ciclos de la vida

En la vida existen desconocidos periodos cíclicos que determinan la existencia del ser humano y que de alguna manera explicarían como las fuerzas cósmicas influyen en nuestros asuntos diarios y en gran parte condicionan nuestras decisiones y nuestro futuro.

Hoy, 14 de abril (curiosa coincidencia con la efemérides republicana) se cumple un año desde que publiqué mi primer artículo en
la Red. Al iniciar esta andadura me propuse la intención de cumplir al menos este periodo de tiempo, si mi salud me lo permitía, por suerte así ha sido. Pero como todo en la vida tiene un principio y un final, contradicción que se resuelve en una espiral cíclica que se renueva constantemente.
En mi caso el ciclo se ha cerrado.


Esto es lo último que escribo. Empecé esta bitácora llevado por la curiosidad y como una experiencia más en el uso de Internet, pero sobre todo como una terapia con la intención de tratar evadirme de la cruda realidad que me envolvía debido a mi incurable enfermedad. He de reconocer que al principio me pareció misión imposible, en primer lugar, porque no me manejaba bien en los temas informáticos y en la confección de la página, incluso todavía hoy me han quedado algunos flecos por solucionar; en segundo lugar, porque sólo contaba con unos pocos temas para elaborar los artículos, y se me antojaba una tarea ardua y complicada publicar un artículo semanal como tenía previsto, pero con el tiempo, mal que bien, se fueron solucionando los problemas y surgieron nuevas ideas y como suele decirse se me han quedado muchos temas en el tintero.

Si nos fiamos de las estadísticas que ofrece Google, se que sois bastantes los que me seguís con asiduidad o al menos ojeáis mi “blog” y por supuesto que os lo agradezco a todos; pero a pesar de ello creo que no he sabido despertar vuestro interés ni interactuar e implicaros en mis reflexiones, mis artículos siguen sin animaros a expresar vuestra opinión o la crítica, pues vuestras visitas no se han visto reflejadas en los comentarios, con lo cual no se si realmente son de vuestro agrado, y lo que más me interesaba, no se si provocan reflexión y por tanto creo que no sirven de gran cosa, pues soy de la opinión de que toda actividad “intelectual” debe contribuir a generar debate y estados de opinión, si no, carece de sentido. Aunque estoy convencido de que somos muchos los que nos sentimos obligados a razonar y reflexionar de manera crítica la realidad que nos rodea, sin embargo, muchas veces me he preguntado ¿dónde están los míos?, los que de verdad tienen para mi un interés para relacionarme dialécticamente con “ellos”, que es lo que realmente da sentido a la vida. Pero en fin, gracias a todos de nuevo por compartir la experiencia, por los que me habéis leído y por los que habéis hecho amables comentarios.

Por supuesto dejo libres los “Espacios del Maestrazgo” para el que los quiera ocupar y continuar volando con la imaginación y la razón por los recónditos parajes naturales y culturales que conforman estas increíbles tierras. De momento dejaré la página colgada en la Red un tiempo prudencial y después la suprimiré si no hay continuación. Y eso si, si los hados me lo permiten seguiré visitando otros blogs y entrando comentarios si se tercia. Y si tengo suerte, con el tiempo quizás inicie otro, quien sabe lo que nos depara el futuro. Pero presiento que el tiempo se acaba. El tratamiento es inhumano. El cansancio me va venciendo poco a poco y me cuesta concentrarme en la tarea. Nada me gustaría más que poder arrullarme en un cálido y dulce sueño y descansar…

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Ritual de Pasión

“El placer ¡Que lucha agridulce entre lo finito y lo infinito!”

Hay noches en que el demonio de la pasión enciende el objeto de mi deseo y me provoca una sensación entre voluptuosa y mística que sepulta la razón y me devora en tu ausencia. Es entonces cuando ansío erigirme en sumo sacerdote y cual ceremonia iniciatica de una secreta cábala, oficiar en el incruento altar de la pasión el rito de tu carne que calme mi sed de lascivia y aplaque el deseo de mis íntimas fantasías.

Tu inagotable cuerpo de mujer es la ofrenda de promiscuas saturnales; la victima del sacrificio de un desenfrenado aquelarre ungido de lujuria; Odalisca de una orgía desatada de lascivas empusas, contubernio de enloquecidos sátiros; herética liturgia de una letal hechicería arrebatada de ensalmos y conjuros; nigromancia embriagadora de filtros de amor carnal, de almíbar de belladona, estramonio, mandrágora y beleño, que como la adormidera todo lo enfebrece hasta abrasar como la fragua de Vulcano, y estallar con un eco telúrico derramándose cual lava de un volcán repleto de ardientes deseos y flamígeras pasiones; arrebato impulsado por ancestrales Furias que a lomos de una colérica galerna nos bandea cual juguetes entre el tormento y el éxtasis, hasta consumirnos en el fuego purificador de la pasión.

Te imagino en el ara del sacrificio, tumbada en actitud de sumisión, dispuesta a ser inmolada en tu mística esencia ante el altar de Príapo; semidesnuda, ataviada en tu intimidad con esa sugestiva lencería de liguero y medias negras, excitante imagen de lo carnal y expresión máxima del erotismo.

No hay fronteras que escapen a la pérfida lascivia que descubre el pulso de los ritos prohibidos. Como introito mis labios, cual letanía incansable, se deslizan sinuosos y errantes por valles y cumbres, explorando cada átomo de tu piel, llenándome de tu sabor y tensando tu cuerpo hasta alcanzar la plenitud más pura para hacerlo vibrar enardecido y sonar como el mejor de los Stradivarius. Bajo el sortilegio de la carne el recorrido de la lujuria es implacable y mi instinto atávico me lleva a manosear la turgencia de tus senos y libar con deleite los aureolados pezones que amamantan mi frustrada infancia; cada relieve, cada oquedad tuya, son explorados con minuciosidad entre libidinosos juegos de calculada perversión y como respuesta a mi obscena osadía tu encendido cuerpo se agita trémulo y sudoroso y desbordada torrentera fluye de tu intima esencia presta a apagar ese voraz incendio interior que te consume, mojas el umbral de tus entrañas con fluidos de pasión, exquisito néctar de dulce buqué, pócima dionisiaca que con fruición lujuriosa tomo de tu sagrado cáliz hasta embriagarme de placer aclamado por tus gozosos jadeos.

Tus poros traspiran sutiles efluvios genésicos de hembra encelada, cual sándalo del amor, que incrementa mi libido indicándome que estas preparada para la profanación, deseosa de recibir el ariete igualmente abrasador que desgarre el velo que cubre tu Santa Santurom, que sólo yo, como sumo sacerdote de esta carnal liturgia, puedo profanar. En mi delirio quiero arder en la pira encendida de tu enardecida pasión, penetrando en tu abrasadora intimidad hasta fundirme en el paroxismo de un arrebato inacabable. Nuestros cuerpos se enlazan y se acoplan con mórbido vaivén en rítmica danza, preludio de una loca cabalgada hasta alcanzar el desenfreno de una orgía desbocada entre Íncubos y Súcubos, agitándose sudorosos cual bajel zarandeado por la terrible galerna que nos aboca al inevitable naufragio; entre estertores y espasmos que anuncian la agonía del clímax, descargo cálida lluvia que contribuye a apagar la llamarada que nos consume en medio de tan atronadora tormenta. Y así, fundidos en un clamor enajenado de elevada súplica que aspira a lo eterno entre Eros y Tánatos, durante fugaces segundos, como epílogo de un Apocalipsis cósmico, alcanzamos a vislumbrar el fulgurante destello de una supernova.

El feroz vendaval da paso a la más apacible calma para asombro de la cómplice noche que nos contempla. Y de nuevo sin ti sentir la fría soledad de la mañana…

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Maestres del Maestrazgo

En alguna ocasión me han cuestionado que, en rigor histórico, el nombre de “Maestrazgo” no pertenecía a estas tierras turolenses. En realidad esta denominación surgió para designar el territorio bajo jurisdicción de los antiguos “maestres” de las Ordenes Religioso-Militares que durante el medioevo dominaron gran parte de estas montañas. Con el nombre de Maestre se designaba a la primera dignidad de
la Orden, investida de numerosas preeminencias, jurisdicciones y facultades, así como de cuantiosas pertenencias y réditos. Históricamente pues la denominación de “Maestrazgo”
o Tierra de Baylías se apliacba a aquel territorio que constituia la jurisdicción y asignación económica de una orden militar.

En honor a la verdad histórica fue en el Reino de Valencia donde por vez primera, en el siglo XIV, un extenso territorio del sector norte de la actual provincia de Castellón recibió el nombre de Maestrazgo (Maestrat), tomándolo de los maestres de la orden de Montesa a la que perteneció durante siglos. Si bien la denominación comarcal de lo que en la actualidad conocemos como “Maestrazgo turolense” no fue así, si podemos atribuirle por extensión y unidad histórica del territorio esta denominación en base a la jurisdicción, que también durante siglos, ejercieron los maestres de las ordenes del Temple y del Hospital sucesivamente hasta bien entrado el siglo XIX; por otra parte son comarcas bien delimitadas por tradiciones, costumbres, dialectos y especial idiosincrasia.

Durante la llamada Reconquista los monarcas aragoneses se apoyaron en las órdenes militares existentes en la zona para luchar contra los musulmanes que dominaban estos territorios. Pero es a partir de finales del reinado de Alfonso II (1162-1196), cuando se puede considerar que el área geográfica del Maestrazgo pasa a manos cristianas y comienza su repoblación, que en algunos casos sólo se consolidará a partir de la conquista de Valencia en 1238 por el rey catalano-aragonés Jaime I. Tanto es así, que ante la falta de un poder estatal, tal y como hoy lo concebimos, el territorio reconquistado será repoblado de muy diversas maneras. El rey entregará las nuevas tierras a quienes sean capaces de hacerse cargo de su defensa y repoblación. En las tierras del Maestrazgo serán principalmente las Órdenes Militares surgidas en Tierra Santa: Templarios y Hospitalarios, así como las hispánicas de los Calatravos y en menor grado Santiaguistas, quienes se hagan cargo de la mayor parte del territorio. Otro bloque se mantendrá bajo la dependencia más directa del rey como villas de realengo a través de los pueblos dependientes de Teruel, que luego formarán su Comunidad. El mapa se completa con las donaciones a algunos nobles y al obispo de Zaragoza.

Por tanto, estas tierras, que hoy conocemos como “Maestrazgo turolense”, pertenecieron en su mayoría a las órdenes del Temple, del Hospital y de Calatrava, que a partir de 1195 que se encargaron de repoblar estos territorios. Estas ordenes, de carácter religioso-militar, estaban dirigidas por un Maestre General, que distribuía sus dominios en encomiendas y baylías. Cuando en el siglo XIV desaparece la Orden del Temple, sus dominios en estas tierras pasan a la Orden de San Juan, con lo que gran parte del Maestrazgo Turolense estará bajo su jurisdicción, que perdurará hasta prácticamente bien entrado el siglo XIX. Sus posesiones, en las que se incluían doce de los quince municipios que conforman la actual Comarca, se repartían así:

Baylías de la Orden del Temple:

La Encomienda Templaria de Castellote que incluía los municipios de Castellote, Abenfigo, Las Cuevas de Cañart, Dos Torres de Mercader, Ladruñán, Crespol, La Algecira, Santolea, Bordón, Luco de Bordón, Torremocha, Seno, Las Parras de Castellote, La Ginebrosa, Camarón, Mas de las Matas y Aguaviva.

La Baylia Templaria de Cantavieja con los municipios de Cantavieja, La Cañada de Benatanduz, La Cuba, La Iglesuela del Cid, Mirambel, Tronchón y Villarluengo.

Encomiendas de la Orden del Hospital:

Encomienda de Aliaga: Aliaga, Fortanete, Pitarque y Villarroya de los Pinares.

Allepuz fue tierra de realengo al pertenecer a la comunidad de aldeas de Teruel, a través de la sesma del Campo de Monteagudo. Miravete de la Sierra fue disputado por los Hospitalarios a los que llegó a pertenecer por algún tiempo, pero finalmente quedó bajo la influencia de la Mitra de Zaragoza desde 1321. Molinos perteneció a la Orden de Calatrava, junto a Monroyo y Ejulve, hasta la supresión de los señoríos.

Con la disolución del Temple sus posesiones en Aragón y Cataluña se entregaron a los hospitalarios. En junio de 1317 el Gran Castellán de los caballeros hospitalarios residente en Amposta, frey Martín Pérez d’Orón, se hizo cargo, entre otras, de las baylías de Cantavieja y Castellote que pasaron a la dominicatura de los Sanjuanistas y puso en cada una de ella a un Bayle o Comendador para que las administrase en su nombre, a la vez que confirma los privilegios que antaño los Maestres del Temple les habían concedido. Así fue como estas Baylías perduraron hasta 1812 en que fueron abolidas, como todos los Señoríos, por las Cortes de Cádiz, aunque en realidad persistió algunos años más, prácticamente hasta el fin de las guerras carlistas.

En el Reino de Valencia, el sagaz monarca Jaime II ante la perspectiva de enriquecer en demasía a los Hospitalarios con la cuantiosa herencia templaria, con el peligro de hacerles tan poderosos como lo habían sido sus rivales, creyó oportuno crear una nueva Orden con los bienes recibidos de la Orden extinta, pero sin el carácter general de aque­lla, a la que también se sumase cuanto tenían y poseían los Hospitalarios en tierras valencianas, compensando a éstos con castillos, villas y lugares en Cata­luña y Aragón (entre ellos Monzón, Orta, Miravet, Cantavieja, Vich, Berga, Ripoll) La nueva orden sería meramente “valenciana” y sustituiría a la disuelta en la guarnición y defensa de las costas levantinas contra invasiones musulmanas. Sería pues de la orden de Montesa, con sede en San Mateu, de la que se derivaría popularmente el nombre de “Maestrat” para designar la jurisdicción de sus territorios.

Hoy el nombre de Maestrazgo traspasa sus propios límites y hasta parece perder su propia significación histórica. El considerar a las históricas y monumentales ciudades de Morella, Cantavieja, Mirambel y otras, parte del Maestrazgo, proviene fundamentalmente de la época carlista, cuando en 1849 el general Ramón Cabrera, llamado “tigre del Maestrazgo” convirtió a la villa de Cantavieja en capital del Carlismo en Aragón, fijando aquí su cuartel general; posteriormente Morella fue nombrada capital de la llamada Comandancia General del Maestrazgo, con jurisdicción en tierras valencianas, aragonesas y hasta catalanas. Mirambel también logra en esta época un gran protagonismo al quedar dentro del espacio controlado por el carlismo, sirviendo de sede a la Junta y la Corte carlista, además del lugar desde donde se imprimieron boletines y proclamas para todo Aragón. Por tanto es a partir de estas circunstancias históricas donde se afianza el nombre de Maestrazgo para estas tierras, aunque por ejemplo Morella no tenga nada que ver con el verdadero Maestrazgo, pues en realidad ni ella ni su comarca pertenecieron nunca a orden militar alguna.

Por otro lado, a partir de 1970 se crea, bajo el auspicio de las diputaciones de Castellón y Teruel, la denominada “Mancomunidad Turística del Maestrazgo”, un extenso territorio perteneciente a las provincias de Castellón y Teruel que engloba unos 55 municipios en razón de su proximidad geográfica y singular parentesco histórico‑artístico. No obstante, de esta mancomunidad forman parte tierras que si pertenecieron al auténtico Maestrazgo y de ahí el tomar tal designación, pero un segundo grupo de pueblos pertenecen a la comarca de Els Ports en Castellón, y un tercer grupo lo integran pueblos turolenses. Pero evidentemente éste no es el Maestrazgo histórico, es un nuevo Maestrazgo convencional y actualizado por intereses comunes de desarrollo turístico-económico.

Finalmente, dentro del proceso de comarcalización de las provincia de Teruel, con Ley de la Comunidad Autónoma de Aragón 8/2002, de 3 de mayo, se da paso a la creación de la “Comarca del Maestrazgo”. Esta iniciativa se justifica y fundamenta en la existencia de vínculos territoriales, históricos, económicos, sociales y culturales entre los quince municipios que la forman, y en la conveniencia administrativa de la gestión supramunicipal de los servicios que van a prestar, así como en su viabilidad económica. Entre estos vínculos cabe destacar, respecto a lo que nos atañe en el artículo, la pertenencia histórica de esta zona a la Orden del Temple y, posteriormente, a la del Hospital, cuyos maestres dieron el nombre a un territorio cuya extensión excede de los límites de la actual delimitación comarcal.

La Comarca turolense de “El Maestrazgo”, está situada en el sector oriental de la provincia de Teruel, abarcando una extensión total de 1.204 km2 y agrupando en la actualidad escasamente a unos 3.700 vecinos. Este vasto y despoblado territorio es el depositario de un notable legado histórico y de un rico patrimonio arquitectónico y cultural que le confiere identidad propia y una recia personalidad forjada a lo largo de siglos de historia. Las montañas del Maestrazgo han sido en el correr de los tiempos tierra de frontera, sembradas de enriscados y monumentales castillos, testimonios de un tiempo donde han sido testigo de proezas del pasado, de guerras y crueles matanzas, a caballo entre Aragón, Valencia y Cataluña, lo que ha caracterizado su evolución histórica, enriqueciendo su acervo cultural y dotándolo de una singularidad tal que conforma una unidad territorial: “El País del Maestrazgo”.

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¿Lobos en el Maestrazgo?

Allá donde se besan la Luna y el bosque, la invernal noche se antojaba aun más fría bajo el fulgor de sus opalinos rayos que metalizaban el blancor de las nevadas cumbres, aderezadas con el silbido hiriente y permanente del viento; pero sobre todo se erizaba el vello y se helaba la sangre con el escalofriante coro del aullido triste y quejumbroso de los lobos…, aullidos que se interrumpían intempestivamente y entonces reinaba un silencio impresionante, sobrecogedor. La inquietante impetuosidad de aquellos sonidos envolvía en un miedo ancestral a los habitantes de las aisladas Masías.

Hoy apenas si se escucha el canto del lobo en algunas serranías de
la Península, pero ya hace muchos, muchos años que su eco lejano no resuena en los bosques del
Maestrazgo. Antaño, en tiempos casi inmemoriales, los lobos habitaban estas sierras, cazaban en manadas y convivían con los lugareños, que incluso les tenían un gran respeto y un cierto temor. Poder anunciar el retorno de los lobos a unas tierras que fueron tan suyas como nuestras, por más que de su presencia en toda la comarca sólo queden trazas que dan fe de ello en la toponimia de muchos lugares y en las leyendas, supondría hacer realidad la lucha por recuperar la biodiversidad de nuestros ecosistemas. Supongo que algunos se escandalizaran ante esta posibilidad, pero no teman, tan sólo es un ejercicio de posibilismo que seguramente quedará en propuesta teorizante. Personalmente me gustaría que se reintrodujera el lobo en el ecosistema del Maestrazgo, sería fantástico verlos correr en libertad y poder oír sus inquietantes cantos, en especial en las frías noches de invierno o en la alborada, en medio de la niebla, donde oír aullar al lobo debe ser una experiencia difícil de olvidar. Y quien sabe si andando el tiempo…

Estas reflexiones sobre el lobo vienen a cuento porque hace poco leí una serie de noticias referidas a batidas de lobos y en especial una que me impresionó. En la Nochebuena del pasado año, en Sanabria, mataron al lobo más grande en los últimos 38 años de los miles abatidos en España. Para los cazadores, que según sus declaraciones pensaban que ya no quedaban ejemplares de esta envergadura ha sido una agradable sorpresa que supondrá un enorme impulso para este “deporte” en la zona. Es una pena, y no quiero ensuciarme en calificar lo que todo esto me sugiere, porque para los cientos de lobos matados “legal o ilegalmente” cada año tan sólo hay desprecio y un odio muy, muy profundo.

El lobo es un animal mítico, legendario, que desde siempre ha generado en el hombre una gran fascinación, hasta el punto de formar parte de la mitología de una gran mayoría de pueblos que habitaron la tierra y ha inspirado bellas historias y leyendas, a partir de las cuales se han escrito novelas de éxito, que luego fueron llevadas al cine. El lobo es un bello e inteligente animal social que vive en manadas donde prima la cooperación, aunque para la mayoría de nosotros sigue siendo tan desconocido como misterioso, pero si por alguna característica es conocido por todos, es sin duda por su profundo aullido, un sonido asociado a la noche y, con frecuencia, a lo tenebroso. Influenciados por las supersticiones y la tradición cristiana lo asociamos a la encarnación del mal y nuestro inconsciente colectivo le presupone una perversidad y agresividad tal hasta considerarlo como una “criatura de las tinieblas”, incluso vinculada al demonio. Nada más lejos de la realidad, ya que si de alguna manera habríamos de ver al lobo es como un símbolo de la sociabilidad, de eficacia y de inteligencia. Aunque no es de extrañar que un depredador como el lobo, único capaz de hacernos frente en la naturaleza que nos rodea, que evidencia una astucia y eficacia capaz de competir con el cazador humano y que actúa de forma organizada y efectiva, despierte en nosotros ancestrales miedos.

El lobo ibérico (Canis lupus signatus. Cabrera, 1907. Llop.) pertenece a la familia de los cánidos y filogenéticamente es el ancestro de nuestros perros domésticos al que dio origen por domesticación y con el que se puede llegar a cruzar siendo los híbridos fértiles. El lobo es un depredador que en su hábitat natural ocupa la parte superior de la pirámide nutricional, lo que significa que en condiciones naturales carece de competencia externa para la regulación de su población y que su crecimiento está sólo limitado por la disponibilidad de alimento suficiente en su territorio y las enfermedades que puedan diezmar su población. Prácticamente, hacia mitad del siglo XIX, el lobo estaba presente en todas las sierras de la Península Ibérica y por ende en las serranías turolenses. Un siglo después, su presencia se reducía a la mitad noroeste peninsular, sobre todo en los montes zamoranos y leoneses. Al parecer los últimos lobos del Maestrazgo, que entonces contaba con densos bosques, fueron abatidos a principios del siglo XX, con lo que esta especie desapareció de estos territorios hasta la fecha. Aunque algunos autores indican su presencia en la zona de Calmarza y alrededores allá por el año 1950.

La causa de la desaparición de los lobos fue debida, sin duda, al acoso y la extrema persecución realizada por los ganaderos y las gentes de los pueblos que les daban caza de manera sistemática y al uso de la estricnina para envenenar los cebos, práctica criminal que además aniquilaba a otras muchas especies. En la actualidad las poblaciones de lobos más próximas a Aragón se sitúan en la provincia de Guadalajara y en la Rioja en las sierras de la Demanda y Cebollera. Otros lobos llegan de vez en cuando al límite entre Huesca y Navarra, pero no existe constancia de la presencia de grupos reproductores en Aragón, aunque en los años 90 se dieron al menos dos casos de lobos muertos en las provincias de Teruel y Zaragoza y de avistamientos en la de Huesca, considerándose que se trataría de individuos en dispersión; aunque hay quien sospecha que en Teruel se están reproduciendo. A partir del año 2000 se empezaron a producir avistamientos y rumores de muerte ilegal en territorios aragoneses próximos al límite con Guadalajara, lo que podría tener relación con el grupo de lobos establecido en el norte de esta provincia, situación que expertos en el tema estiman como adelanto de una posible recolonización por la especie.

El lobo es un animal controvertido que a casi nadie deja indiferente y es causa de problemática allí donde se instala. “Los conservacionistas lo defienden como el único regulador natural de determinadas especies silvestres en nuestro país. Los ganaderos no lo quieren ni ver porque causa estragos en sus rebaños. Los cazadores lo consideran una alimaña que les disputa sus piezas de caza. Y en medio, las administraciones intentan equilibrar las exigencias de los distintos sectores”. El lobo se ha pasado la vida huyendo del hombre y en su milenaria pugna entre ambos siempre ha salido perdiendo. Y poco importa que sanee la población de cabras y jabalíes, a veces más dañinos que él mismo. Ni que se sepa que los daños que actualmente se le atribuyen en algunos lugares son provocados en realidad por perros asilvestrados. El lobo mata exclusivamente para comer, cosa que no podemos decir los humanos. Además de que juzgar y sentenciar con parámetros humanos lo que no es humano es un absoluto disparate.

Los lobos desaparecieron de muchos territorios básicamente porque los mataron y han vuelto fundamentalmente o bien por que ya no se les persigue con tanta saña o por la prohibición de cazarlos, pero no sólo eso, algunas administraciones autonómicas favorecen su conservación y su penetración en las zonas donde desaparecieron gracias a planes de recuperación, cosa muy loable, pero hay que decir que con consecuencias negativas para los ganaderos, extremo que habría que solucionar con urgencia y diligencia. Aunque en la última década no se han realizado estudios rigurosos de ámbito nacional sobre la distribución del lobo, si se han llevado a cabo numerosos trabajos de ámbito local que ayudan a dibujar su evolución, y según estos, afortunadamente en los últimos años parece que la pujanza y el vigor de la población lupina está experimentando un proceso de recuperación y expansión, extendiéndose desde el norte peninsular a casi todas las provincias de Castilla y León, y se prevé que en un futuro próximo comience a penetrar en las sierras de Madrid y en la provincia de Teruel. En total, parece que algo más de 2.000 ejemplares habitan en la actualidad los bosques españoles, siendo la población más grande de toda Europa occidental.

El paulatino abandono del campo y de la ganadería de montaña y el incremento de las poblaciones de ungulados silvestres, como en el Maestrazgo donde la cabra montés se ha reintroducido y adaptado perfectamente, ha favorecido también que el lobo se extienda de nuevo por algunas zonas en las que su existencia ya se había olvidado o que se haya presentado en comunidades autónomas de las que desapareció hace treinta años, como el País Vasco, Navarra y Aragón, encontrándose con unas sierras prácticamente despobladas y con gran abundancia de presas. Desgraciadamente, como contrapartida, comienzan a producirse los primeros ataques al ganado, ya que aquí los rebaños van desprotegidos y son presa fácil del lobo. No pasa lo mismo en los territorios en los que el lobo siempre ha estado presente como es el caso de Castilla y León, donde los ganaderos nunca han bajado la guardia, e incluso se ha conseguido cierta coexistencia, como en la sierra zamorana de la Culebra, en donde se empieza a pensar en el lobo como un atractivo turístico. Sin embargo, en las sierras del Sistema Ibérico el rechazo hacia el lobo es evidente, puesto que hacía décadas que no se le veía por estas tierras y por tanto no se habían producido ataques a los rebaños; por otra parte veo difícil que la introducción del lobo se realizara de manera pacífica, ya que se las tendrá que ver con un superdepredador peor que él: el cazador. Sin embargo, para paliar esta situación es muy importante abrir una vía de diálogo con los ganaderos y las sociedades de cazadores, al objeto de establecer soluciones a un problema que preocupa a todos, e informarles sobre las estrategias para la conservación y la gestión del lobo, para realizar acciones de protección del ganado como la construcción y arreglo de apriscos y la adquisición de perros mastines de probada eficacia frente a él, además de conceder ayudas para estos menesteres y facilitar la suscripción de seguros que cubran estas contingencias. Finalmente, las Administraciones deberían asumir el pago de indemnizaciones por daños con celeridad.

Todos los estudios científicos admiten que el deterioro medioambiental genera la pérdida de biodiversidad y como consecuencia de ésta la destrucción de los ecosistemas que en última instancia afectan a nuestra salud y a nuestra economía. En la Naturaleza nada sobra, todo ocupa un lugar concreto. La extinción de especies rompe el equilibrio de la cadena trófica y ésta nos indica que si no hay rebaños de cabras silvestres, jabalíes, etc., no hay lobos, y sin éstos es difícil controlar las poblaciones de herbívoros, cuya excesiva proliferación daña severamente la cubierta vegetal. También los buitres se resienten y no cumplen su función natural… y suma y sigue. Podríamos afirmar, que la vitalidad, la expansión y la supervivencia de los lobos vienen condicionadas por la mayor o menor presión del ser humano, por la existencia de áreas de bosque y de monte donde refugiarse y criar sus camadas, por la abundancia de especies objeto de su depredación, y, finalmente, por la presencia de animales domésticos en régimen de pastoreo libre. Pero tradicionalmente la persecución y eliminación sistemática de los grandes predadores como el lobo y el oso, a los que se daba muerte en batidas para proteger los rebaños, han llevado a la situación de extinción en la que se encuentran muchas zonas de la península. De hecho si algún lobo ha llegado recientemente a los montes de Aragón se le ha perseguido hasta abatirlo o expulsarlo. Todo este irracional comportamiento también sucede con las aves rapaces, que a pesar de estar protegidas todavía aún hoy son envenenadas, tiroteadas o sus pollos robados para el mercado negro.

Con la declaración de la Comarca como “Parque Natural del Maestrazgo” y su integración en el CETS, se darían las condiciones para gestionar adecuadamente la restitución de todo el ecosistema natural de estos enclaves y dentro de esta la recuperación del lobo como un valor natural añadido al que debemos reconocerle valores culturales, etnológicos, antropológicos y biológicos, que aumenten el interés ambiental y cultural de la zona y lo haga rentable para el medio rural. Tanto el Maestrazgo como las zonas aledañas cuentan con un inmenso potencial ecológico de gran valor y si se aplicara el sentido común, se destinarían los fondos necesarios en la conservación de los bosques, y si se tomaran las medidas adecuadas su regeneración a medio y largo plazo sería segura y con resultados sorprendentes. Sin embargo, la realidad nos indica que lamentablemente de momento el abandono parece ser la tónica predominante. ¿Hasta cuando?

Fuentes:

http://medioambienteblog.blogspot.com/2008/02/el-escarabajo-verde-documental-sobre-el.html

http://www.espacioblog.com/forestman/post/2008/02/10/defensas-frente-al-lobo

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Las Masías. Un hábitat sostenible

Ver álbum fotagráfico: Masías del Maestrazgo

El Maestrazgo es un espacio geográfico cuya característica física principal es el abrupto y variado relieve que conforma su paisa­je, compleja orografía que le confiere una especial singularidad que junto a su evolución histórica han sido el factor fundamental que determinó su poblamiento y configuró su territorio salpicándolo de un modelo de hábitat peculiar: Las Masías.

Los numerosos caseríos, pequeños asentamientos que salpican el espacio del Maestrazgo, dan idea de lo disperso del hábitat, que en algún momento de su historia, pudo suponer más del cincuenta por ciento de su población total; de tal manera que si tuviéramos que singularizar una característica que lo definiera, sin duda alguna, sería
la Masía. Este hábitat, sobre todo en el pasado, fue la mejor forma explotar todo lo aprovechable en agricultura y ganadería, y de mantener pobladas estas agrestes y duras zonas montañosas. Como vemos la necesidad de adaptarse al medio físico, unido a la gran extensión
y lo accidentado
de los términos municipales de los pueblos del Maestrazgo, ha condicionado fuertemente su medio rural. La dificultad en las comunicaciones condicionó a su vez el agrupamiento en Partidas y contribu­yó a dar conciencia de grupo a sus moradores. Este hábitat disperso surgió probablemente a la par que se repoblaba el territorio tras la conquista del mismo a sus pobladores musulmanes, y prácticamente desde sus orígenes medievales ya existían muchas de las masías que hoy conocemos, aunque parece ser que el apogeo en su construcción se produjo durante el siglo XVIII, de tal manera que la mayoría de las que se conservan en la actualidad corresponde a dicha época.

El Mas, la Masada o la Masía, forma parte indisoluble de un paisaje y una cultura propias ligado a una forma de vida intrínsecamente unida al medio. Tradicionalmente se le ha identificado con núcleos de actividad agropecuaria de tipo familiar y un elemento fundamental para la organización del territorio, que en la actualidad constituye un componente singular y de gran valor patrimonial para numerosas comarcas turolenses, en especial en el Maestrazgo. Las masías desarrollaron una economía de subsistencia alrededor de la cual, se generó una red de intercambios comerciales de gran influencia en la economía de toda la comarca hasta la llegada de las primeras “industrias”. De todo ello hemos de suponer que condicionaron de manera especial la fisonomía de la Comarca y, durante cientos de años, su forma de vida. En la actualidad de los cientos de masías que pueblan el Maestrazgo la mayoría se encuentran deshabitadas y muchas de ellas lamentablemente en estado de ruina, sólo un pequeño porcentaje todavía están habitadas, bien de modo estacional o se utilizan como granjas. Esos modelos de hábitat llegaron a ser una potente unidad rural con vida propia y casi autosuficiente y sólo entraban en contacto con los ámbitos urbanos para realizar intercambios comerciales y abastecerse de los elementos de primera necesidad que el medio no les proporcionaba. En la mayoría de masías existía hasta horno de pan cocer. En otras se explotaban carboneras en los pinares de su entorno, así como tejerías con hornos donde se cocían tejas, ladrillos y alguna pequeña cantarería para comercialización. Los masoveros guardaban una relación de vecindad con los inquilinos del Mas limítrofe pero en general vivían aislados del mundo, incluso del núcleo urbano del término municipal al que pertenecían, mostrando cierto recelo y envidia de la gente del pueblo. Al estar distanciados de los núcleos rurales, a veces pasaban bastantes días aislados de todo contacto humano que no fuese la compañia familiar o como mucho de algún pastor. Debido a estas circunstancias de aislamiento, el masovero ha ido forjando un carácter que le es muy propio.

Sin entrar en el estudio pormenorizado de las características, técnica constructiva, estructura y organización interna de las edificaciones, que desborda el ámbito de este artículo, observamos que la masía, además de un conjunto de edificaciones, es un espacio que la rodea y que sirve de sustento a sus habitantes. La coexistencia masía-entorno ha dado origen a las formas más variadas y a las tipologías más diversas que hacen de la masía un patrimonio arquitectónico de una riqueza formal sorprendente. Entre las construcciones más antiguas encontramos el Mas fortificado, claro ejemplo de los orígenes medievales de este modelo de ocupación del territorio. Algunos con gran valor histórico y arquitectónico, dado que en aquellos lejanos tiempos cumplían una doble función de vivienda y fortaleza. Con el paso del tiempo muchas de estas torres han sido modificas estructuralmente, incluso hasta desaparecer, y nuevas edificaciones se han incorporado alrededor de las primitivas torres, llegando a constituir en algunos casos pequeños barrios, en los que para dar servicio a sus habitantes se edificarán algunas Ermitas y escuelas. Normalmente las masías no se levantan siguiendo un determinado estilo artístico y la técnica constructiva que se sigue es la tradicional de la zona. Su compleja estructura es fruto de la experiencia derivada de la evolución impuesta por las necesidades y el diseño en general acostumbra a ser sencillo y austero, sujeto siempre a la adaptación al medio físico y a los elementos climáticos de la zona.

Torremontesanto.

Este modelo de hábitat, restringido a la explotación agropecuaria, pervive todavía como parte fundamental de la articulación del espacio en del Maestrazgo. Pero observamos que esta peculiar forma de vida, que tuvo su punto álgido hasta mediados del pasado siglo, está en claro declive. Vinculadas antaño plenamente al territorio, en la actualidad, y pese a la relativa mecanización que facilita las labores del campo, la escasa rentabilidad de las explotaciones propician su abandono, subsistiendo sólo aquellas que, aparte de consideraciones sentimentales, poseen buenas tierras y pastos abundantes; por otra parte, la evolución demográfica regresiva que ha sufrido la Comarca, descenso que se inicia y se acelera a partir de la década de los 60 con una fuerte emigración atraída por el desarrollismo urbano, ha provocado la práctica desaparición de las formas de vida masoveras, quedando en la actualidad escasamente unas docenas de masías habitadas y en pleno rendimiento. Algunos masoveros van y vienen a diario del pueblo al Mas. Cierran rebaños y estabulan reses, pero viven en el pueblo. Para facilitar su labor, las Administraciones han dispuesto en los últimos años la electrificación de varias zonas de masadas y la mejora de las comunicaciones. Sin embargo, su peor enemigo ha sido el despoblamiento y el cambio de modelo de vida impuesto por nuestra incorporación al mercado mundial, a lo que se une su aislamiento, dado que para llegar a numerosas masías es necesario tomar caminos y pistas forestales que atraviesan zonas de difícil de acceso. Este hecho hace que sea difícil incluso su rehabilitación y/o su conversión en viviendas de turismo rural u hoteles. También habría que achacarlo a la irresponsabilidad de algunos propietarios, que las han dejado en total abandono y soledad a la suerte de los elementos climatológicos y de la vegetación. Aun así, las Masías continúan teniendo un importante papel en el Maestrazgo, una de las delimitaciones comarcales de la provincia de Teruel en la que en mayor número pueden cuantificarse. Se calcula que en total existen en torno a 700 masías. Según el último censo realizado desde el Gobierno de Aragón en el 2004 cifra en torno a 350 los masoveros que viven en el Maestrazgo de un total de más de 3.200 habitantes, por tanto alrededor del 10% de los habitantes de esta Comarca reside en Mases. La zona alta del Maestrazgo es el área de mayor concentración de masoveros y es principalmente en los términos municipales de Villarluengo y Cantavieja donde se ubican la práctica totalidad de las personas que viven en un Mas, entre ambos municipios suman casi 150 personas. Por el contrario Castellote, en la parte baja de la Comarca es la zona donde menos masoveros viven. Hay que tener en cuenta que este número aumenta en determinadas estaciones del año, pues hay quienes comparten su estancia en una vivienda ubicada en núcleo poblacional, y de forma esporádica residen en un Mas.


Las explotaciones ligadas a la Masía basan su existencia en la autosuficiencia, en el autoabastecimiento y su integración en el territorio es tal que minimizan el impacto ambiental de manera que su huella ecológica apenas es perceptible; en definitiva es lo que ahora llaman sostenibilidad. El modo de vida del masovero era eso, vivir en el entorno del campo, en estrecha relación con la tierra y la ganadería. Cuando en la actualidad se debaten y proponen políticas de desarrollo respetuoso con el medio ambiente en foros internacionales como la Agenda local 21, o el protocolo de Kyoto o la conferencia de Bali, etc., el rico patrimonio del Maestrazgo ofrece una alternativa real, un modelo de hábitat ejemplar, que ha permitido consolidarse como elemento de articulación del territorio mediante una ordenación eficaz, a la vez que garantizar un medio ambiente sano y limpio, y además mantenerse como modelo socio-económico sostenible; sin embargo, esto es así en cuanto que pertenecía a una economía de subsistencia. La compleja realidad de un mundo cada vez más globalizado y que además margina la realidad del medio rural, nos lleva a la necesidad de generar alternativas y de aplicar políticas que consoliden y faciliten este modelo de hábitat y de vida, bien subvencionándolo, bien protegiendo jurídicamente el entorno; de no ser así, en un horizonte a medio plazo, muchas de las masadas habrán desaparecido, y con ellas sepultaremos una realidad con la que hemos convivido durante siglos. Pues seamos claros, el concepto de “desarrollo sostenible” como tal resulta ser una falacia, y es contradictorio en si mismo, ya que en una economía mercantilista cada vez más globalizada y partidaria del crecimiento económico y de la productividad a ultranza, ignora y relega la protección del medio ambiente creyendo que dispone de un acceso ilimitado a la naturaleza y sus recursos. Además de provocar el aumento continuo de la desigualdad económica y social. Tal desarrollo se acercaría a lo sostenible si vinculara las decisiones económicas con el bienestar social y lo ecológico. Es decir, si mejora el nivel y la calidad de vida al tiempo que garantiza y conserva los recursos naturales. Esto exigiría, no sólo la integración en la contabilidad económica de los costes ecológicos si no también el costo real de reposición o de renovación de los recursos naturales consumidos, con lo cual disminuirían los márgenes de beneficio.

Si ya de por si es duro vivir en el Maestrazgo y para los escasos y sufridos habitantes de sus aislados pueblos supone un acto de valor, la vida del masovero aún supera esta dificultad y hacen de su subsistencia una heroicidad. Repartidos por los extensos términos de la comarca, sus habitantes nos acercan a la manera de vivir y entender la tierra y nos revelan su filosofía de vida, que nos habla de la generosidad del hombre con su medio, de la sabiduría que encierra la observación, la espera y la humildad… todos ellos valores que deberíamos rescatar en nuestro quehacer diario y que nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el medio ambiente. La ciudadanía en general y las administraciones en particular, tenemos una deuda con esos masoveros Ellos son nuestra última frontera, y conviene no olvidar que han escrito con su experiencia el mejor manual para hacer uso y no abuso de nuestros limitados recursos naturales. A pesar de todo, el hábitat disperso que encarna la Masía se revela todavía hoy como un sólido potencial de futuro a condición de que sepamos aprovechar las nuevas corrientes turístico-culturales, como la nueva fiebre del neorruralismo, en el que la masía está llamada a jugar un papel de primer orden; los ejemplos de Cataluña, País Vasco y otras regiones así lo atestiguan. La tranquilidad y el valor de paisaje son argumentos suficientes para que las masías no queden en el más completo de los olvidos, pero seguirán vacías a no ser que el turismo se atreva a explotarlas. En la actualidad algunas han sido o están siendo rehabilitadas como establecimientos hoteleros. (Torre Montesanto y Casa Castel en Villarluengo). Si realmente queremos frenar la sangría demográfica de la Comarca el primer paso consiste en concienciarse de la necesidad de conservar tanto el medio natural como las señas de identidad y aprender a valorar el impresionante legado patrimonial, en el que la masía es elemento primordial; se trata en definitiva de la puesta en valor de las raíces, las tradiciones y la historia de los pueblos del Maestrazgo como unidad cultural, que junto a la posibilidad de disfrutar de la naturaleza y el placer de sentir el medioambiente y la tranquilidad lejos de la vorágine urbana, de conocer el medio rural, su cultura y especialmente su gastronomía, son motivaciones convincentes para los amantes de lo natural. Si a ello le añadimos una estancia cómoda a un precio atractivo es indudable que las Masías, que tuvieron un esplendoroso pasado, pueden tener un futuro prometedor.

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Colectividades en el Maestrazgo

El sueño igualitario

La experiencia histórica del corto proceso revolucionario español entre 1936-37 nos muestra de una manera incontrovertible, que sin la participación directa de los trabajadores no puede haber verdadero cambio social. Las colectividades formaron parte importante de ese malogrado proceso, pero aún así pudieron demostrar al mundo que el pueblo trabajador cuando goza de libertad y oportunidad para ello, tiene capacidad suficiente para hacer realidad la utopía del sueño igualitario.

La sublevación militar de 18 de julio de 1936, tuvo una respuesta inmediata y fulminante por parte de los trabajadores mediante la huelga general, la insurrección y la ocupación y expropiación de empresas y latifundios; las milicias armadas de las organizaciones obreras se enfrentaron a los militares sedicentes y en más de la mitad de España los derrotaron. En las zonas en las que se logró sofocar la rebelión, el poder del Estado, encarnado en
La República, se disolvió como por encanto e inmediatamente fue sustituido por los consejos o comités obreros y campesinos que se hicieron con el control político y económico, y comenzaron a establecer un nuevo orden económico-social basado en el colectivismo agrario e industrial de inspiración anarquista y federalista. Las condiciones para la revolución social estaban dadas.

Uno de los aspectos que más contribuyeron a movilizar a los trabajadores tras sofocar la sublevación fascista fue sin duda la experiencia autogestionaria de las socializaciones y las colectivizaciones que respondían a sus intereses de clase. Las colectividades en sus inicios no fueron decretadas, ni obedecieron a una decisión de arriba, ni a la consigna de ningún partido o sindicato. Fueron en general militantes de organizaciones de izquierda, en su mayoría anarcosindicalistas, lo que impulsaron el movimiento colectivista y por supuesto los jornales que fueron sus más acérrimos defensores frente a los pequeños propietarios y gentes de derechas, que se mostraban reticentes o claramente en contra y que solamente se sumaron a ellas por temor. No obstante, su carácter prácticamente espontáneo y la voluntad decidida de asumir en sus manos la propiedad y la gestión de esos medios productivos, fueron la condición de su éxito. Y dadas las circunstancias en que se desenvolvieron, el principal éxito fue demostrar en la práctica que los trabajadores pueden administrar las empresas con igual eficiencia o más que los patronos o gerentes. También se hizo evidente que la organización autónoma y autogestionaria es la que mejor representa y defiende los interese de los colectivos que se acogen a ella. Toda delegación en la representatividad y defensa de esos intereses en cualquier institución y organismo creado a tal efecto se comportará como el peor enemigo de la libertad individual, pues estos organismos pronto olvidan que son un medio y siempre tratan de perpetuarse en detrimento de sus representados.

Pero lamentablemente, lo que nadie les dijo a los obreros y campesinos es que las colectividades en si mismas, al no destruir totalmente Estado burgués y mantenerse dentro de él, no sólo se vuelven inútiles para ellos, sino que se convierten en un medio ideal, dadas las circunstancias, para reconstruir la economía capitalista, además de un medio de sobreexplotación y control por parte del mismo Capital. La atomización tanto del poder político como económico tras el triunfo revolucionario en julio del 36, determinó que paulatinamente se restaurara la estructura de poder capitalista encarnado en la República; no bastaba con apropiarse de los medios de producción, había que avanzar en su desarrollo natural hacia la planificación económica a escala nacional y consolidar el poder político que garantizara este desarrollo. Prueba clara de ello: El carácter “revolucionario”, “anticapitalista”, “libertario”, etc. de las colectividades fue convenientemente avalado por el Estado republicano que las reconoció mediante el Decreto de Colectividades (24/10/36) por parte de la Generalitat, y las coordinó mediante la constitución del Consejo de Economía. Esa política, que ató en todo momento la acción de las colectividades, se hizo en nombre de la “unidad antifascista”, que finalmente con la implantación de la “economía de guerra” justificó el sacrificio de los obreros en el frente y la sobreexplotación en la retaguardia. Pero claro, no nos engañemos, «No se trataba de hacer una revolución social, ni de la implantación del comunismo libertario, ni de la ofensiva contra el capitalismo, el Estado, o los partidos políticos: se trataba de impedir el triunfo del fascismo» (Gastón Leval, «Colectividades libertarias en España»). Luego, ya veríamos…

En Aragón, cerca de 600 pueblos, a pocos kilómetros del frente, realizaron la experiencia colectivista, una de las más audaces en materia económica y social, con todo lo que entrañaban de cambio en la sociedad. Unas 450 colectividades englobaron a más de 433.000 trabajadores. Los pueblos totalmente colectivizados en todas las expresiones de su producción y de su vida económica, fueron unos 350. En otros coexistieron colectividades e individualistas, en régimen mixto, preponderando las colectividades puramente agrícolas y ganaderas. Los comerciantes trabajan en común en las cooperativas socializadas, los barberos, los carpinteros, los cerrajeros, los alpargateros, los transportistas…, todos están unidos y trabajan en común con la hermandad más estrecha en base a los fuertes vínculos económicos de los intereses comunes. Es la nueva era del colectivismo.

Es difícil realizar un estudio documental objetivo sobre el desarrollo de las colectividades, tanto global como individualmente, ya que la mayoría de la documentación fue destruida y sus enemigos trataron por todos los medios de desacreditarlas cuando no ignorarlas. En el Maestrazgo conocemos la constitución de algunas colectividades y el número de sus afiliados, pero poco o nada en cuanto a sus estructuras, desenvolvimiento y resultados. Quienes participaron en la experiencia colectivista prácticamente han desaparecido y los pocos que quedan se niegan a hablar por temor a ser señalados por sus vecinos. A tanto ha llegado la eficacia en la represión.

Colectividad Nº de Afiliados

- Bordón 300

- Luco de Bordón 30

- Cantavieja 150

- Castellote 1.800

- Las Cuevas de Cañart 600

- Las Parras de Castellote 460

- Dos Torres de Mercader 150

- Fortanete 250

- La Cañada de Benatanduz 350

- La cuba 31

- La Iglesuela 170

- Mirambel 612

- Molinos 306

- Villarluengo 1.300

- Montoro de Mezquita 260


Fuente: Casanova, Julián, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa 1936-1938. Madrid, Siglo veintiuno de España Editores, s.a.1985

En el Maestrazgo, como en el resto de Aragón, se formaron colectividades, principalmente agrarias, que en general se estructuraban por grupos de trabajo de entre cinco y diez miembros a los que se les asignaba unas tierras para trabajar, de las que eran responsables. Cada grupo trabajador elegía un delegado que representaba sus opiniones en las reuniones asamblearias. En Asamblea General, en la que participaban todas las personas que integraban la colectividad, se elegián a los miembros que formaban el “comité de gestión”, responsable del funcionamiento cotidiano de la colectividad. Este comité se ocupaba de la obtención de materiales, efectuaba intercambios con otras áreas, organizaba la distribución de la producción y se encargaba de las obras públicas que fuesen necesarias.

Las colectividades eliminaron de hecho las competencias profesionales en los distintos gremios y son las asambleas las que deciden las normas y la orientación del trabajo, procurando cubrir las necesidades de todos sus componentes. Todas las expresiones materiales y morales del pueblo están aglutinadas en el todo de la colectividad y todos los servicios de la misma están orientados a proteger y cubrir las necesidades del hombre desde que nace hasta que muere. El colectivista lo tiene todo al alcance de la mano: pan, trabajo y medios de perfección y superación. Todos los sábados, los colectivistas van a la caja central de la colectividad, firman su nómina y cobran su dinero y en las cooperativas de la propia colectividad adquieren los elementos necesarios para su subsistencia. El régimen de vida y de convivencia en sus múltiples aspectos se ajusta perfectamente a un sistema de orden técnico perfectamente organizado. Cada rama o sector productivo cuenta con los datos actualizados de su desarrollo y de sus posibilidades, de manera que trata de alcanzar el punto máximo de eficacia y eficiencia sin desperdiciar nada, seria en cierto modo lo que hoy llamamos desarrollo autosostenible. Funcionan sus bien dotadas escuelas y bibliotecas con las obras más modernas sobre los temas más diversos de las disciplinas intelectuales, siendo la cultura una de sus máximas prioridades.

Las colectividades agrarias mostraron que los campesinos deseaban la tierra y que por su organización y sus largas luchas, estaban preparados para explotarla y en la mayoría de los casos con mayor eficiencia que los terratenientes, además de administrar los municipios rurales mejor que los caciques o politicastros locales de turno. Sin embargo, no pensemos que toda aquella experiencia que formó parte del un malogrado proceso revolucionario, se vivió como una Arcadia feliz, ni mucho menos, pues no debemos olvidar que toda medida transformadora siempre lleva implícito además del riesgo de desorganización, improvisación, errores y, por lo tanto, de sufrimientos, la pesada carga de la inercia a la resistencia al cambio. Las colectivizaciones no estuvieron exentas de todo ello, además de tener que combatir las trabas que en su camino ponía la contrarrevolución emboscada en ella y de enfrentarse decididamente al individualismo egoísta que anida en todos nosotros y que seguirá siempre ahí, acechando. Era muy difícil enfrentarse al profundo arraigo de la sociedad tradicional, dado que el campesino por naturaleza es muy individualista y había que persuadirle fundamentalmente con el ejemplo. Las colectividades no encontraron más que dificultades en todas las gestiones, en especial por parte del gobierno republicano en cuyas manos había quedado el capital financiero, elemento fundamental en todo desarrollo económico.


Por último, y aunque en principio parezca paradójico, las colectividades fueron eliminadas mediante la nacionalización de las empresas por parte del estado y el “control obrero” de la producción por las centrales sindicales. Ambas medias se revelaron como armas reaccionarias de expropiación y control de los trabajadores. La nacionalización no cambia en nada la naturaleza del sistema. En cuanto a las colectividades agrarias, para destruirlas se hizo necesario recurrir a la fuerza. Después de una intensa campaña de difamación, el 11 de agosto del 38, el gobierno republicano de Negrín decretaba la disolución del Consejo de Aragón y el encargado de llevar a cabo semejante felonía fue el “comunista” Enrique Lister que al mando de la 27 División (antigua Carlos Marx) disolvió los consejos municipales y las colectividades, encarcelando a sus dirigentes y obligando a los campesinos convertirse en pequeños propietarios. Finalmente en octubre de 1938, el gobierno promulgó un decreto garantizando la devolución de sus bienes a los antiguos propietarios que los reclamaran directa o indirectamente. Es decir, los propietarios que huyeron a la zona franquista abandonando sus propiedades o los herederos de quienes fueron ejecutados podían recuperarlos otorgando poderes a cualquier persona radicada en la zona republicana. ¡Increíble!

Se puede decir que las colectivizaciones fueron destruidas pero no fracasaron, entre otras cosas porque no tuvieron tiempo para ello. Su experiencia, hasta los límites donde pudo desarrollarse, supuso un gran ensayo de gestión colectiva, del que no sabemos en realidad si, caso de triunfar la revolución social, hubiera podido afianzarse y pasar ha ser el germen de un nuevo tipo de formación social de naturaleza socialista. ¿Pero porqué aquellos hechos fueron una de esas bellas ilusiones, a través de las cuales el capitalismo llevó a los obreros y campesinos a la derrota y a la matanza? Las respuestas definitivas sólo pueden ser el resultado de la experiencia viva de la lucha de clases y de la confrontación y la discusión en el interior del movimiento obrero, a condición de que no se olviden las lecciones de su sangrienta experiencia y además sean cabalmente entendidas; sólo así los trabajadores avanzarán hacia su emancipación definitiva. Pese a todo creo que la experiencia colectivista valió la pena, aunque sólo fuera por ver cristalizado en realidad venturosa aquel “sueño igualitario” por el que tantos trabajadores lucharon y muchos sacrificaron sus vidas.

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Los ritos del fuego en el Maestrazgo

Las Sanantonadas

El fuego es uno de los cuatro elementos que conforman las fuerzas mágicas de la naturaleza junto a la tierra, el agua y el aire. Alquímicamente se le considera como un producto de la transformación de la materia en energía, simbolizando la energía vital en movimiento. El fuego pone de manifiesto la riqueza mítica, las creencias, los ritos y las ceremonias que han acompañado a la humanidad a través de su evolución. Su uso ritual está destinado a producir cambios drásticos en la existencia, utilizado correctamente, es un elemento purificador de todo lo negativo y junto al agua, símbolo de transformación y regeneración; de ahí el sentido de los antiguos rituales del fuego nuevo que muchos le atribuían el poder de provocar el crecimiento y el bienestar de humanos y de animales. Los campos eran incendiados antes de la siembra para que se regeneren y embellezcan luego con el manto verde de la naturaleza que revive en primavera. El simbolismo del fuego forma parte fundamental de los ritos solsticiales y está impregnado desde tiempos inmemoriales de un trasfondo religioso: conmemora acontecimientos sagrados, expía el demonismo de las brujas, ahuyenta los malos espíritus y mantiene alejados a los seres malignos que en estas frías noches invernales andan cerca… Por otra parte, el fuego posee un carácter ambivalente, pues a la vez que es destructor y elemento de castigo infernal en el cristianismo, es también elemento de purificación y regeneración en las viejas culturas agrarias. La purificación por el fuego debe interpretarse en dos sentidos, en el material; limpiando la casa de muebles viejos y desechos que se arrojaban al fuego, y en el espiritual, limpiando el aire de malos espíritus. El fuego, pues, purifica, regenera y protege.



Con la llegada del invierno en el hemisferio boreal se da inicio al ciclo festivo del fuego. Es la época de encender hogueras en las calles para conmemorar el solsticio invernal que nos introduce por un tiempo en la oscuridad.
Las fogatas son elementos que ayudan a invocar la vibración ígnea; el fuego de la tierra anima al fuego celestial a volver a brillar, a encenderse de nuevo tras el solsticio. Así, desde la más remota antigüedad se hacían fuegos nocturnos para intentar devolver la fuerza a un Sol que día a día se mostraba más débil.


E
l País del Maestrazgo es una tierra cargada de historia y tradiciones que sus habitantes han sabido conservar a pesar de las dificultades que el mundo rural encuentra en una sociedad en la que ya no es objetivo prioritario. Los ritos del fuego, íntimamente vinculados con las actividades agropecuarias, son tradición milenaria en estas tierras y se han venido celebrando en torno a la hoguera, danzando a su alrededor y saltando sobre ella. Tanto durante la “Sanantonada”, como en la “Sanjuanada” y otras fiestas, en muchos lugares se encienden hogueras o xeras al raso, normalmente en la plaza principal del pueblo. Son de especial interés las festividades del mes de enero como las relacionadas con San Antón, una de las más importantes de cuantas se celebran en invierno en casi todos los municipios del Maestrazgo. Esta fiesta de carácter carnavalesco, preludio del carnaval o las Carrastolendas como se dice en la comarca, es un documento etnológico vivo de una tierra en la que se funden elementos del cristianismo, que nunca terminaron de calar, con tradiciones de origen celta, griego o romano, dando lugar a un peculiar sincretismo religioso; aunque tradicionalmente su arraigo también es debido a que llegó a ser uno de los santos que han suscitado mayores devociones en estas tierras.


San Antón es para la mayoría de la gente del entorno rural el patrón de los ganados, animales de labranza y por extensión de los animales domésticos, por tanto, la fiesta está dedicada fundamentalmente a ellos y supone el día de holganza en especial para las caballerías que durante todo el año han trabajando para la economía familiar; en este día se les cuida, se les enjaeza y se les pasea. En día tan señalado los mayordomos de la fiesta montaban sus mejores caballos acompañados en el pasacalles por el dulzainero y el tamborilero y competían en engalanar sus aperos con cintas y flores de llamativos colores predominando el rojo como símbolo del fuego, llegando a ser de una gran riqueza imaginativa. Después de la misa el sacerdote bendecía los animales en el exterior de la iglesia. Un elemento común en la práctica de todas celebraciones de San Antón es la hoguera. Era costumbre, en la noche del día 16, encender una hoguera con la leña que aportaban los vecinos del pueblo y bailar a su alrededor. Las hogueras normalmente se arman con troncos de roble y se visten con leña bajera, formando una especie de choza o barraca y dotándola de una puerta de entrada y otra de salida, sirviendo supuestamente de refugio a San Antón. Además de la leña las hogueras reciben bien todo tipo de objetos, aperos, muebles, papeles… ya que quemando lo viejo y obsoleto a la vez que impuro se busca la purificación material del pueblo.


Las Sanantonandas propias del Maestrazgo presentan características, motivos y personajes comunes en cada una de las escenificaciones que se representan. Por ejemplo, los diablos que con distintas personalidades y diferentes indumentarias están presentes en muchas localidades. Destacan los personajes de las “Botargas”, especie de diablillo o alguacil, o las diableras que van ataviadas con un vistoso traje multicolor, con cucurucho y una escoba que va repartiendo escobazos a diestro y siniestro y persiguiendo a los zagales y zagalas. Además se repiten casi siempre los mismos elementos: la organización de la fiesta por mayorales que solían obsequiar a los vecinos con pastas y aguardiente, el reparto del pan bendito, el baile ritualizado denominado “el reinao”. También se organizaban tranzas para recabar fondos con que sufragar la fiesta e incluso alguna rolda. Otro elemento propio de esta celebración son los dichacos o “mochigangas”, críticas que hacen referencia a lo acontecido a lo largo del último año en el pueblo y que representan una especie de purificación colectiva. Finalmente “El tocino de San Antón“, cerdo que se criaba por la calle y le daban de comer todos los vecinos, llevaba un esquilo para saber siempre donde estaba, el mayoral era el encargado de recogerlo al atardecer y sacarlo por la mañana. El cerdo se rifaba y lo que se sacaba era para los gastos de la fiesta. Aprovechando las brasas de las hogueras se asaban longanizas, chorizos y demás productos de la matanza. Frecuentemente, el día de San Antón era el marcado para matar el segundo cerdo del año, así, se determinaba el ecuador del tiempo que debían durar las provisiones de invierno.


En la actualidad, la fiesta con sus antiguos ritos y significados ha desaparecido en gran medida, pues los animales de labranza que eran los protagonistas principales y la razón de ser de estos actos prácticamente han desaparecido. A raíz de
la Guerra Civil algunas tradiciones populares se perdieron, no así la Sanantonada debido a que estaba muy arraigada en la comarca, sin embargo, en algunos lugares su celebración si se modificó en parte; finalmente, la emigración hizo que en la década de los 70 se perdiera casi completamente y en los 80, 90 comenzó a recuperarse lentamente al igual que otras tradiciones. Aun así, a pesar de todos sus avatares, sigue siendo una festividad de lo más popular en el Maestrazgo y el día 17 de enero festividad de San Antonio Abad, con sus hogueras de la víspera, se sigue celebrando en muchos pueblos, si bien, debido a su escasa población se celebra el fin de semana más próximo para facilitar la presencia de los vecinos que viven fuera o de los forasteros visitantes.


De entre las fiestas que se celebran en San Santón destaca por su espectacularidad la de Mirambel, una de las “Santantonadas” más singulares del Maestrazgo, considerada como la única celebración tradicional del carnaval rural que se mantiene en la provincial de Teruel, documentada desde 1415 en el que se involucra toda la población. El acto central del festejo es la representación de un auto cómico-dramático sobre las tentaciones del Santo, que se escenifica libremente y en las que participan una veintena de actores, todos ellos aficionados del pueblo, y que este año tendrá por primera vez tantos personajes como antaño y se hará tal y como era hasta el año 1936. Durante la obra tiene lugar la quema de la barraca y posteriormente el ajuste, que es uno de los momentos que se ha recuperado para esta edición, al igual que la figura del rey, que no salía desde antes de la Guerra Civil. El personaje del rey, vestido con capa negra y sombrero de Tronchón del mismo color, era antaño el encargado de organizar la fiesta, recoger fondos para costearla y portar el pendón del Santo durante las celebraciones. Alguno de los elementos que se mantienen de la tradición precristiana es el personaje de la botarga, o demonio que golpea con una vejiga de cerdo a la tierra “para despertarla” o la representación de la siembra. Antes de la escenificación del Santo hacían la cercavilla, donde se representaban las faenas de la siembra, siega y trilla en un mismo momento, el acto de siembra y arado de la plaza, que en sus orígenes se hacía para propiciar las buenas cosechas, produciéndose un ajuste de amo y peones segadores, sacando próximos a la hoguera las caballerías y los utensilios del campo, lanzando frutos secos como si fuese simiente. Allí mismo, entorno a la hoguera tenía lugar el volteo para comprobar la valentía de los hombres y sus caballerías acercándose al fuego. Como premio recibían un pollo. La fiesta continúa por la noche con un baile y al día siguiente con la misa en honor a San Antonio Abad y una comida de hermandad. La fiesta, si bien no se celebra con regularidad debido a su complicación escénica, por el interés folclórico y turístico que suscita este rito carnavalesco se ha propuesto su celebración cada tres años. La última celebración tuvo lugar el año 2005 y este año de 2008 tendrá lugar durante el fin de semana del 12 y 13 de enero.

En Bordón el protagonista tradicional de la festividad sigue siendo la hoguera en la plaza con “la vuelta” o procesión alrededor del pueblo con caballerías bien engalanadas y otros animales para ser bendecidos, pasando por el ayuntamiento para degustar unas pastas, vino, coñac o anís. Tradicionalmente se viene celebrando el volteo o “bandeo del pollo”, que debe ser capturado por parejas de vecinos mientras montan a caballo, burro, asno… Una vez capturado, a eso de la media noche, comienza el baile y en el descanso se aprovecha para asar en la hoguera sardinas, longanizas y chorizos caseros, acompañados de buenos porrones de vino, para reponer fuerzas. A la mañana siguiente se cantan las albadas, y salen los mayorales y sus acompañantes a dar la vuelta al pueblo provistos de canastas a recoger los aguinaldos. Entre los acompañantes la figura principal son las Diableras, jóvenes vestidos de diablos y provistos de una escoba recorren las calles con los aguinaldos recogidos para repartirlos en la plaza junto con unos cuantos escobazos. Llegada la hora de la misa mayor a la que acude todo el vecindario tiene lugar la bendición de las tortas de San Antón, que son repartidas a los vecinos del pueblo a la salida de la iglesia, y para clausurar la fiesta que mejor manera que con el baile de la plaza. Desde hace unos ańos para que puedan participar los vecinos que están fuera, se reúnen el 5 y el 6 de enero las fiestas de Reyes y San Antón. Los mayorales, son los encargados de organizar la fiesta de Reyes junto con el ayuntamiento; después de haber recogido todos los regalos, los gaiteros, provistos de dulzaina y tamboril convocan al vecindario para empezar la fiesta de San Antonio, encendiendo una gran hoguera en el centro de la plaza. A continuación, se concentran en el frontón frente a la Iglesia todos los vecinos con caballerías y otros animales domésticos, donde el sacerdote les imparte la bendición, invocando al santo patrón.

En Tronchón San Antonio Abad es una de las fiestas más importantes de su calendario festivo, originalmente se celebraba el día 17 de enero pero hoy por diversas causas, se celebra el fin de semana siguiente. La fiesta comenzaba en la madrugada con las albadas de los mozos que acompañaban con el sonido de un tamboril y desde la iglesia hasta la casa del cura iban recorriendo las calles en ronda. Se sale al monte a buscar zocarras para preparar una monumental hoguera que será prendida en la plaza de la Iglesia, antiguamente se hacia en el Collado. Todos los vecinos que han colaborado en estas actividades meriendan juntos a costa del mayoral de ese año que tenía que ser casado, invita a pastas y moscatel en su casa. Al caer la noche se hacen sonar las campanas, se prende fuego a la hoguera y mientras arde se dice el pregón y se procede a la bendición de los animales desde la puerta de la iglesia y a sacar la imagen del Santo. Todos los vecinos colaboran con la aportación de alimentos para la cena en la hoguera y con las brasas se asará carne que el mayoral tendrá preparada, después tiene lugar el tradicional baile hasta altas horas de la madrugada. Al día siguiente por la mañana se hace misa mayor en honor al Santo con bandeos de campanas, procesión con el Santo y el guión por las calles del pueblo. Después hay recolecta de alimentos y productos con los que la gente obsequiaba al mayoral, para que el alguacil hiciera el trance o subasta pero sin Llega para sufragar los gastos de la fiesta. Después el mayoral invita de nuevo a pastas y licores, las mozas colaboran sirviendo a los invitados con un delantal blanco y con puntillas.

En Villarluengo los mayorales son los que organizan toda la fiesta que comienza con la recogida de la leña una semana antes. El viernes por la tarde se trae la leña y se coloca formando una choza encima de unos ladrillos de cerámica refractaria en la plaza del ayuntamiento frente a la iglesia. Llegado el día por la tarde se encienden dos hogueras, una para los niños y otra para los mayores. Cuando ya se hacen brasas todo el pueblo acude a cenar en ella, los mayorales preparan patatas, chorizos, longanizas, morcillas, cordero etc. que se asan en la hoguera y se reparte vino en botas para todos los asistentes. Acabada la cena se efectúa la tranza o subasta de todos los productos y animales que se han recogido por las casas del pueblo y masías. Para finalizar la noche verbena hasta que aguante el cuerpo. El domingo por la mañana se saca el santo a la puerta de la iglesia y acuden todas las personas que quieren llevar sus animales para bendecir. Mas tarde se hace una misa en honor a dicho santo, sacándolo en procesión por las calles del pueblo. En la actualidad la fiesta se pasa al fin de semana siguiente a la onomástica del santo.

La tradición de las hogueras de San Antón también se conserva con sus peculiaridades en pueblos como Abenfigo, Allepuz, Cantavieja, Cañada de Benatanduz, Fortanete, La Cuba, la Ginebrosa, Las Parras de Castellote, Luco de Bordón, Pitarque y Villarroya de los Pinares. En todos ellos las hogueras son el centro de reuniones que animan las frías noches de enero en un ambiente festivo y alegre; a su alrededor las gentes se calientan, conversan, cantan y bailan, siendo en todo momento el fuego protagonista de la fiesta y una excusa para reforzar los nexos solidarios entre el vecindario, y como no, aprovechando las brasas para preparar suculentos asados de productos de la matanza del cerdo, que acompañados de buen vino saben a gloria en la madrugada. Todas estas manifestaciones festivas en torno al fuego forman parte de nuestras más arraigadas tradiciones que entroncan con la cultura y el folclore popular más antiguo y genuino de los pueblos montañeses y de economía agropecuaria, y definen no sólo sus creencias más antiguas, si no el carácter y la personalidad de los mismos derivados de su forma de vida y que han pervivido en su esencia mientras esas condiciones de vida se han mantenido. Sin embargo, hoy forman parte de nuestra herencia cultural, valioso patrimonio que debemos conservar para no perder nuestros orígenes ni nuestras señas de identidad ante la presión globalizadora. Una vez más, como cada año, el ciclo festivo de los ritos del fuego volverá a iniciarse en las tierras del Maestrazgo, perpetuando así las tradiciones y costumbres de cada pueblo que están en la raíz misma de la vida.

Posted by cubano203 in 09:06:40 | Permalink | No Comments »